• Fabricio Alaña, S.J.

¿Que esperamos o anhelamos en este nuevo año 2019?

Updated: Jan 14


Para el hombre trabajador, optimista, luchador no hay diferencia entre lo que se espera y anhela. Si entendemos anhelo como el ansia o deseo vehemente de conseguir algo. Ese algo puede ser empleo, honras o dignidades, todos deseamos que en un nuevo año nos vaya mejor, pero qué entendemos por nos “vaya mejor”. La definición del diccionario (RAE), nos ayuda enormemente: honrar o dignificar la vida, para mí y para todos, no solo desear ser honrado o buscar una dignidad que en el mundo clerical es algo normal, alejándose de la propuesta de la verdadera dignidad que nos trajo el Hijo de Dios, que nosotros seamos hijos en el Hijo de un solo Padre. Esto es lo más grande que podemos desear. Es decir, hacer realidad el proyecto de Dios en Jesús.

Cada año celebramos la navidad, con esperanza hacemos ritos religiosos y civiles de fin de año para abrirnos con optimismo a un nuevo año. Pero repetimos y repetimos y a veces las cosas son peor: paquetazos económicos, mentiras de los políticos de siempre, violencia generalizada, desastres naturales, migraciones forzadas, entre otras cosas.

¿Qué desear? La respuesta es obvia, lo mismo, todos deseamos superar los males, abrirnos a la esperanza y construir un futuro mejor.

El punto central es ¿cómo? Tenemos claro lo que queremos, pero no logramos cómo conseguirlo. Para los que tenemos fe, nos debe cuestionar esto. ¿Por qué no mejoramos en lo que deseamos? Muchas veces porque nuestros actos de fe, son ritos, y entonces se repiten ritos, se apegan a las rúbricas, normas y se aleja la vida y el espíritu. Nosotros los cristianos no repetimos ritos, celebramos sacramentos, entendiendo los sacramentos como símbolos de vida y libertad. San Juan en su primera carta nos decía: “lo que palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida, que se hizo visible, y nosotros hemos visto, damos testimonio para que nuestro gozo sea completo” (1 Jn 1: 1-4) Parece que aún no lo creemos pues vivimos con miedo, sin el gozo de lo que es creer en el Dios de la vida en el proyecto de Jesús que vino, pero los suyos no le creyeron. Vivimos aún dormidos, esperando un Mesías Salvador, cuando ya se nos dio un Amor Incondicional y liberador.

¿Cuál es el proyecto de Jesús? Ser humanos, ser hermanos, nada más y nada menos. Esto es una propuesta universal y concreta. ¿Por qué no se ha conseguido? Respondo con una reflexión que hicieron los jóvenes de mi colegio de segundo de bachillerato, que ganaron el concurso Navidad Sin Fronteras, donde representaban cómo se vivía y entendían la navidad en distintos países, por lo general que una compañera o compañero sea de ese lugar. Ganó el curso que no solo representó la navidad mexicana, sino que investigó lo que sufre y anhela ese país. Decían: “nosotros no podemos vivir la navidad, si hay muros, la navidad se celebrará cuando no haya fronteras, Jesús vino a derribar todo muro y a ofrecernos su amor y hermandad universal. Mientras se deseen o se construyan muros no habrá navidad”.

¿Por qué se construyen muros? Sean físicos, como los que se intenta hacer en la frontera de México y EEUU o sean mentales cuando separamos personas en clases o grupos sociales. El problema no es que el Norte desee construir muros, si no por qué se construyen muros, la respuesta la tenemos nosotros, los latinos: por la corrupción, la violencia y las injusticias que cometemos. Somos nosotros que debemos anhelar ser honestos, tiernos y justos y eso derribará todo deseo de construir muros y hará realidad lo que es la Navidad: el sueño de Humanidad que nos trae Jesús, desde que Jesús nació ya no somos seres solitarios, sino solidarios. Amén. Feliz año nuevo si nace la verdad, el amor, la libertad y el deseo de ser mejor. Anhelo lo que espero y espero lo que hago para conseguir mi anhelo.

Por:

Fabricio Alaña

Reflexionemos:

¿Por qué no conseguimos lo que anhelamos?

Por no quitar lo que nos impide ser justos, tiernos y dignos.

¿Qué es lo mejor lo que se puede esperar en un año nuevo?

Derribar muros físicos, mentales y espirituales que nos impiden la hermandad

¿Para qué me sirve la fe?

Para no sentirme solitario sino solidario desde Jesús.


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