• Fabricio Alaña, S.J.

LA SANTIDAD DE UN JOVEN

Updated: Jan 14


Conociendo a San Luis Gonzaga

Hablar de los santos, un tema complejo. Tenemos falsas ideas de ellos, creemos que lo son por hacer cosas extraordinarias, en el mero esfuerzo por alcanzar a un Dios que se lo pone en lo alto. Es necesario cambiar ese concepto.

Santo es quien desarrolla sus cualidades que lo hacen ser extraordinario, todos estamos llamados a serlo, y hoy lo más extraordinario que podemos hacer es amar en la vida ordinaria y no solo en los momentos especiales de desgracia y necesidad. Hoy un joven lo que más tiene es energía y vitalidad, se trata de ponerlas al servicio de los demás. Esto es lo que hizo San Luis Gonzaga S.J. hace años y que hoy nos recuerda Jhony Cedeño Pastoralista del Colegio Cristo Rey. (Introducción de Fabricio Alaña E.).

“Querida comunidad Cristorregina buen día, hoy me han pedido que les hablé sobre la vida de un joven italiano y Santo Jesuita, llamado Luis Gonzaga nacido en 1568, hace 450 años, declarado por la Iglesia patrono de la juventud.

Difícil tarea acercarles a ustedes a este Santo, si entendemos el ser santo como un ser lejano y apartado del pecado, “zanahoria” en lenguaje coloquial, tarea dura de desmitificar la idea de santidad, pero voy a intentarlo, espero no decepcionarlos.

Luis Gonzaga vivió en el centro del mundo de ese tiempo, en Europa, específicamente en Italia, perteneció a una familia muy adinerada y prestigiosa. Su padre sabía sus intenciones de querer dejarlo todo por seguir a Jesús, de no considerar como ganancia el marquesado.

Entró en la Compañía de Jesús donde encontró el sentido de su vida y se hizo jesuita, tenía 17 años. La mediocridad de una vida seducida por las comodidades y por el reconocimiento social, por el simple hecho de pertenecer a una familia famosa, no llenó esa sed de plenitud que él llevaba en el corazón. Solo la pasión por la vida y el constante anhelo de un más, un más cualitativo, que la rutina no puede jamás apagar, pudo hacerle buscar la felicidad.

Estaba ocupado en el estudio de la teología cuando en Roma sucedió una verdadera tragedia: primero la sequía, después la carestía, el hambre y al final la epidemia del tifus. En el servicio de asistencia que la Compañía de Jesús prestaba a los enfermos, Luis también participaba e iba por los palacios de los nobles a pedir limosna para aquella pobre gente.

Eligió el lema “como los otros”, esto es, sin privilegios y se dejó consumar por las infectadas calles de Roma, llenas de gente contagiada del tifus. Sintió una urgencia interior de gastarse en la ayuda a tanta gente necesitada. Al igual que Jesús que impulsa una “mística de ojos abiertos” no desligada del dolor humano sino una espiritualidad de la obligación absoluta de atender el dolor de las gentes. Si no se tocan las heridas del ser humano no se toca la misericordia de Dios.

Amaba ser un inconformista e ir a contracorriente. Quizás en comparación con sus tiempos ocurre que la libertad viene hoy concebida más en términos individualistas, como un hacer a cualquier precio aquello que quiero: ¡soy libre de los demás y no quiero ser molestado por nada ni por nadie! Nuestra famosa y bien protegida zona de confort llena de todas las comodidades posibles: celular, tv, internet… Luis nos da una lección de desprendimiento, de discernir nuestras prioridades, de sentir que el amor debe ponerse más en obras que en palabras, que Jesús es verbo no sustantivo. Queridos chicos no se debe temer el dar la vida por altos ideales”.

Por

Jhony Cedeño

Pastoralista del Colegio Cristo Rey

Reflexionemos:

¿Qué es ser un Santo?

Buscar la plenitud desde la autenticidad de tu vida.

¿Qué hizo Santo a Luis Gonzaga?

“SER COMO LOS OTROS”, vivir sin privilegios.

¿Cómo puedo ser yo un Santo?

Siendo inconformista y caminando contracorriente.


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