• Fabricio Alaña, SJ

NO VIVIR DE LAS APARIENCIAS

Updated: Jan 15


Vivimos en una sociedad llena de contrastes.

Podemos admirarnos por sus grandes causas y descubrimientos, como de sus bajezas y miserias. Cada vez que debo sentarme a escribir pido dos cosas: Luz para dar un mensaje claro, y conexión con quienes me leen, en especial que ayude a los jóvenes, para ello necesito luz y conectarme con ellos, que diga algo con sentido, necesito fuerza no por temer a las críticas, cada quien tiene su punto de vista, y es libre de acoger o no una reflexión, sino de saber decir lo que tengo que decir y que a veces no nos gusta que nos digan. Sin embargo, lo hago con amor y honor, me impulsa no solo mi conciencia, sino la fe de aquel que me amó y me dio ejemplo, Jesús.

Vivimos una sociedad hipócrita, que vive de las apariencias, estamos pendientes de la moda, del chisme y de la última tecnología. La pobreza, la violencia, la hostilidad de unos para con otros están allí y es deber de la fuerza policial, militar para controlar.

  • ¿De qué sirve decir soy católico, protestante, ateo, indiferente si todos vemos y vivimos de forma tan superficial?

Es preferible el aferrarse a sus comodidades y bienestar que provocar el cambio. La última reunión de los ‘‘poderosos’’, del grupo de la OTAN, dos países, entre ellos Estados Unidos no quisieron firmar los acuerdos por el cuidado de la naturaleza, y después nos hablan de democracia, libertad y respeto a derechos. ¿Es o no hipocresía y vivir de las apariencias?

  • ¿Cómo transmitir la fe, los valores a las nuevas generaciones si no damos testimonio de nuestras convicciones y creencias profundas?

Alguna pista nos da el ejemplo de los genios y la fuerza del Espíritu, veamos:

‘‘El viejo maestro de Leonardo Da Vinci cayó gravemente enfermo, y pidió al joven Leonardo que terminara una pintura que había dejado sin acabar. Leonardo se opuso, - me siento incapaz maestro de superarlo a usted, pero el maestro insistió y convenció a Leonardo de hacerlo –tú puedes-. Leonardo trabajó con empeño y quedó terminado el cuadro. Llovieron alabanzas por todos partes. Su maestro impresionado le dijo: -hijo mío, desde ahora no hace falta que yo pinte más. Y le traspasó el oficio a Leonardo. (En Casa con Dios. Pág 443)’’

Las personas que no viven de las apariencias reconocen sus debilidades y fortalezas, su vida nace desde lo hondo de su ser, no imitan a nadie. Lo superan, pero son agradecidos y reconocen los dones recibidos.

En la fiesta de Pentecostés (domingo 4 de junio). El creyente está invitado a acoger el don del Espíritu, y a continuar la misión de Jesús, “si crees en mí, harás cosas mayores”. Pero uno de los pasos es reconocer esos dones.

La Iglesia nos habla de siete dones, sabiduría, inteligencia, ciencia, consejo, piedad, temor y fortaleza. Me quiero referir a tres que se unen con las teorías sicológicas de las personas emocionalmente maduras y capaces de ser auténticas y no vivir de las apariencias (William Menninger. Sicólogo).

El entender la realidad no es fácil, pero es necesario conectarse con ella, vivir con los pies en la tierra para no vivir de falsas ilusiones, engaños o fantasías. Eso es el don de la sabiduría que nos da Jesús en su Espíritu, así mismo ante un mundo en cambio constante y variado, hay que saber adaptarse, buscar manejarlo para no dejarse llevar fácilmente y aportar a un cambio inteligente.

Hay que entender los cambios y sus necesidades, pero hay que aceptar los cambios que ayudan al bien común. Es el don de la inteligencia, saber comprender desde dentro, sobre todo, una persona que aprenda a dar incondicionalmente, exponerse a los riesgos y mantenerse libre es una persona que ama, da sin esperar, señala un camino sin imponer, se levanta de los errores y fracasos, vuelve a creer y empezar, eso solo lo hace la fuerza del amor. El don de la fortaleza que nos da el Espíritu es necesario para un verdadero amor.

Sabiduría, Inteligencia y fortaleza como expresión de la unión de mente y corazón, para saber a dónde ir y cómo ir es la experiencia de las personas que viven espiritualmente, que no viven de las apariencias.

Reflexionemos,

  • ¿Cuál es el mayor mal de las personas de nuestro tiempo?

Vivir de las apariencias y en la mediocridad espiritual.

  • ¿Cómo transmitir la fe y los valores?

Creyendo en las capacidades de los jóvenes.

Por:

Fabro SJ,


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