• Fabricio Alaña, SJ

El fuego del amor


El evangelio de Lucas nos trae unas de las frases más enigmáticas y al mismo tiempo atrayentes que se ponen en los labios de Jesús: “He venido a traer fuego en el mundo y cómo me gustaría que estuviera ardiendo” (Lc 12: 49). Sacada de su contesto misional, catequético, teológico puede dar lugar a mal entendidos. Habla de la misión de Jesús en el mundo. Y eso es lo que hasta hoy no comprendemos. Ni sus seguidores, ni sus detractores, ni los indiferentes. ¿Cuál era la pasión de Jesús, lo que lo ilusionaba, lo enamoraba para levantarse con esperanza a pesar de fracasos, incomprensiones, dificultades? De ello queremos dar una simple idea.

Lo primero, romper ídolos y falsas ideas sobre Dios y el Dios de Jesús. Jesús nos lleva a Dios, no solo porque nos habla de él, lo hace presente, sino porque lo revela, lo manifiesta en sus acciones, palabras e imágenes. Y no hay duda, si se lee bien el evangelio. Jesús de ingenuo tenía poco. Pero de optimista y amante de la vida mucho. Al definir su misión de vida como traer fuego, nos invita a mirar lo profundo. Esta sociedad tal como está no es aceptable, no es del agrado de Dios, se requiere un cambio radical, para ello un liderazgo transformacional. Cambiar de mirada, horizonte y de estilo de hacer las cosas. Por ello, se requiere una verdadera revolución.

Si algo debe distinguir a los cristianos, a los creyentes es el no ser fatalistas, no hay un destino desastroso que invite a aceptar las cosas y no cambiarlas, peor ser pesimista, no hay salida, tampoco resignado y pactar con la mediocridad, el confort, lo conocido, lo establecido. Quien sigue a Jesús lleva la revolución en su corazón, una búsqueda de nuevos estilos de vida donde la gente deje las caretas de la hipocresía, los miedos, la violencia. Pero ello dependerá a quién alimentemos:

“Un viejo cacique estaba conversando con sus nietos acerca de la vida. Los niños querían saber muchas cosas: cómo ser buenas personas, por qué hay gente que hace daño, por qué la gente pelea, tiene envidia, celos, entre otros temas. El les dijo –una gran pelea está ocurriendo dentro de mí, es entre dos lobos. Uno de los lobos es el de la maldad, la envidia, la agresión, la mentira, la codicia. El otro es el de la bondad, la paz, el amor, la esperanza, la ternura. Esta misma pelea está ocurriendo dentro de cada uno de ustedes y dentro de casi todos los seres de la tierra-. Los niños se quedaron pensando estas palabras. De pronto uno preguntó: Abuelito, ¿quién ganará esta pelea? –El abuelo respondió: simplemente, depende a quién alimentes-”.

La vida está hecha de guerra y de paz, de amor y de odio. ¿Por qué no seguir alimentado al amor? ¿No es esto lo que quiso decir Jesús, he venido a traer fuego? Es cierto, da miedo hablar del amor, tantos fracasos, tantas manipulaciones. Pero el AMOR ES EL CENTRO, cuando falta el amor, falta el fuego que mueve la vida. Sin amor la vida se apaga, vegeta y termina extinguiéndose. El que no ama se cierra y se aísla cada vez más. Gira alocadamente sobre sus problemas y ocupaciones, queda aprisionado en las trampas del sexo, cae en la rutina del trabajo diario, todo es una carga, le falta el amor que mueve la vida.

El amor es un centro: “el amor es un sueño abierto/ un centro con pocas filiales/ Un todo al borde de la nada/ fogata que será ceniza/ el amor es una palabra/ un pedacito de Utopías. Es todo eso y mucho menos/ y mucho más…(M. Benedetti).

PARA PENSAR:

¿CUÁL ES EL CENTRO DEL MENSAJE CRISTIANO?

Vivir el amor al estilo de Jesús

¿POR QUÉ EL CRISTIANISMO NO IMPACTA TANTO HOY?

Por dulcificar el mensaje de Jesús, no encender el fuego del amor

¿EN QUÉ CONSISTE EL FUEGO DEL AMOR CRISTIANO?

Cambiar este mundo al estilo de Jesús, vencer miedos, salir del confort y la costumbre.


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